07 octubre 2008

El Desarrollo de la Ciencia Histórica en el Perú del Siglo XX



La Historia del Perú ha sido analizada desde diversas ópticas, las cuales curiosamente coexisten el día de hoy. Generalmente en los colegios se enseña una versión y en las universidades otra. Evidentemente cada una pretende ser la más objetiva y suele tachar a la otra de equivocada.
Los hispanistas
Riva Agüero: Un esquema du
al
Esta versión forjó su consolidación en las primeras décadas del siglo XX, mediante la obra de uno de los más influyentes historiadores de la centuria pasada, José de la Riva Agüero, quien no sólo estandarizó una versión, sino que trató de explicar toda la historia del país desde sus inicios primitivos hasta el siglo XX.
Riva Agüero no sólo inventó un esquema que explicara nuestra historia, sino que al reivindicar lo hispano como el aporte mayor y determinante en la forja de nuestra identidad lo exaltó como la esencia de nuestro ser. Dividió nuestra historia total en dos períodos: Prehispánico e Hispánico.
Según su enfoque, la esencia del Perú era la hispanidad, en consecuencia lo Prehispánico quedaba subvalorado a la categoría de antecedente, mero ensayo fallido, prolegómeno de lo que vendría después. Observemos que esta etapa ni siquiera recibe un nombre propio (Es «Pre-hispánica») pues no interesaba mayormente su esencia ya que lo único que importaba era destacar la vertiente española. En otras palabras, la etapa que empieza en el 18,000 antes de Cristo hasta el siglo XVI, se define como un antecedente de lo que viene.
Este esquema dual fue repetido al dividir el período prehispánico en dos etapas: Preincaico e Incaico. Es decir, que el aporte de las diversas culturas eran ensayos que anticipaban lo último, lo incaico.
El periodo del Perú hispánico fue dividido en: Conquista, Virreinato, Emancipación y República. Riva Agüero narra la Conquista como una gesta heroica en la que la Civilización hispánica lógicamente se impuso a la Barbarie indígena. Es más, la narración de los acontecimientos adquiere tonos delirantes al presentar los hechos casi como un acto sexual en donde la masculinidad española se impone y somete a la feminidad indígena.
Desde su punto de vista era en el Virreinato donde se consolidaba el ser nacional hispánico y católico que adquiría mayoría de edad en el siglo XVIII. Del mismo modo que un hijo madura y debe dejar el hogar materno, la nación en formación busca su emancipación liderada por una elite criolla consciente ya de su rol hegemónico en el nuevo país, que adoptaría la forma republicana, de acuerdo con las tendencias de la vanguardia política del siglo XIX.
En consecuencia, la Independencia era la prueba de la consolidación de una idea de nación que se hubo forjado pacientemente en tres siglos de virreinato. Es interesante anotar la forma en que esta versión fue asumida por el Estado peruano luego de la celebración del centenario (1921), pues desde aquel entonces se ha difundido en los textos escolares, con la idea de forjar en los jóvenes peruanos una idea de nación.
La participación del Estado fue determinante para la circulación de esta versión pues fueron creadas fiestas cívicas, establecidas fechas conmemorativas, construidas plazas y avenidas para grabar en el imaginario de los peruanos la idea de una independencia gloriosa que sería la prueba de la existencia de una idea consolidada de nación previa a 1821.
De la Puente Candamo y la idea de nación criolla
La obra de Riva Agüero fue recogida y asumida por una generación de historiadores que se ha dedicado a realizar apostillas o a documentar pacientemente las líneas propuestas por Riva Agüero. En este sentido, el trabajo minucioso del historiador José de la Puente Candamo ha sido dedicado a la difusión y redacción de textos en donde se «demuestra» la existencia de la idea de nación criolla que alcanzó su cúspide en el proceso independentista.

En este sentido, De la Puente destaca la participación de aquellos peruanos que sí lucharon por conseguir la independencia. Anota y documenta las reuniones secretas, las luchas de los criollos conspiradores y republicanos, de tal manera que el lector de sus trabajos tiene la impresión que efectivamente en este territorio se luchó con heroicidad por conseguir la Independencia. Pero esta obra pacientemente construida y eficientemente difundida, calla un dato vital, que aquellos peruanos independentistas eran minoría. Es decir, se silencian las luchas, aspiraciones y obras de la gran mayoría de habitantes del virreinato del Perú. Por eso, no es de extrañar que este grupo de historiadores sea admirador de la obra de San Martín, considerado por ellos como encarnación de los ideales independentistas de América.
Los indigenistas
En la primera mitad del siglo XX, la versión hispanista de la historia peruana fue refutada sin mucho éxito por los intelectuales indigenistas, quienes se dedicaron, por oposición, a destacar el aporte de la cultura indígena en la forja de nuestra nacionalidad. Esta corriente no tuvo un intelectual que propusiera una versión totalizadora que rivalizara con la de Riva Agüero.
Es más, los representantes del indigenismo no estuvieron cohesionados, por el contrario, tenían profundas discrepancias en sus aportes y visiones acerca de nuestra historia.
Algunos se refugiaron en la arqueología para destacar los aportes determinantes de la cultu
ra andina en la forja de nuestra nacionalidad. Fue Julio César Tello el que apuntaló esta idea al indicar que Chavín había sido la cultura matriz en donde se habían sintetizado las vertientes culturales construidas en más de veinte mil años. Tal vez el seguidor más destacado de don Julio Cesar haya sido Luis Guillermo Lumbreras que encuentra otra síntesis en el imperio Huari. Otros intelectuales indigenistas respondieron desde diversos ámbitos como el de la historia, la antropología, y la literatura. En suma, los indigenistas al ser muy heterogéneos y poco cohesionados no presentaron una versión alternativa a la hispanista.

Y en el caso del análisis de la Independencia se limitaron, siguiendo una línea tradicional, a inventar o destacar la actuación de próceres y precursores indios que lucharon por la emancipación nacional.

Los marxistas
La respuesta llegó en otro contexto en las décadas de los sesenta y setenta con otra generación de intelectuales influidos por el marxismo y por la teoría de la dependencia. Es decir, la explicación de la secular crisis latinoamericana y tercermundista pasaba por el análisis de los lazos o vínculos que habíamos tenido con las metrópolis que habían literalmente succionado nuestra riqueza desde el siglo XVI. En suma, éramos pobres y subdesarrollados porque «otros» se habían enriquecido y prosperado a costa de nuestro trabajo.
Esta perspectiva intelectual fue demasiado seductora para las nuevas generaciones de intelectuales latinoamericanos que se embarcaron en numerosos trabajos que demostraban la veracidad y objetividad científica de sus afirmaciones. De pronto ser marxista se convirtió en sinónimo de progresista y ser hispanista pasó a la categoría de reaccionario.
Macera: Una alternativa a Riva Agüero
El historiador que propuso, desde este nuevo fr
ente, una alternativa coherente y totalizadora a Riva Agüero fue Pablo Macera. Ahora la historia tenía un nuevo esquema. La historia peruana se dividía en dos etapas: la Autónoma y la Colonial. En la primera se destacan los valiosos aportes de las diferentes culturas andinas (el arqueólogo que usó el marxismo en sus interpretaciones fue Lumbreras) que alcanzaron niveles de sofisticación cultural semejantes a las culturas de la Antigüedad occidental. Mas, todo este logro fue desbaratado con la llegada de los españoles en una auténtica
invasión que trajo como consecuencia el sometimiento de la cultura indígena, la cual desde aquel entonces no ha hecho otra cosa que rechazar y resistir la occidentalización.
Los historiadores marxistas evitan el uso del término Virreinato y lo reemplazan por el de Colonia, pues durante trescientos años España explotó y succionó las riquezas de los súbditos indianos, y en el siglo XIX simplemente ocurrió lo esperado, es decir, ante la caída económica de España y la hegemonía de Inglaterra, América Latina y evidentemente el Perú pasaron a depender de una nueva metrópoli. De colonia española a neocolonia inglesa y en el siglo XX a neocolonia estadounidense.
En este sentido, la independencia para los nuevos historiadores carecía de sentido pues ella no había significado ningún cambio cualitativo en la vida de los peruanos. La nueva generación censuró a los hispanistas tildándolos de reaccionarios y obtuvieron como respuesta el rechazo de los aludidos, irreductubilidad mutua que trajo como consecuencia un período de esterilidad intelectual pues no se produjo un debate o dialogo alturado, sino que se transformó en un dialogo de sordos en donde los epítetos y los adjetivos degradantes abundaron en los setentas y ochentas.
La Historia del Perú y el régimen militar
A inicios de los setenta, en el régimen del general Velasco Alvarado, los hispanistas lograron con el auspicio del Estado publicar la famosa y monumental colección documental de la Independencia aprovechando los festejos del sesquicentenario de la emancipación en 1971 y 1974. Curiosamente un pequeño artículo de Karen Spalding y Heraclio Bonilla (Heraclio Bonilla y Karen Spalding. “La Independencia del Perú: las palabras y los hechos”. En Bonilla, Chaunu, Halperin y otros. La Independencia en el Perú. p. 70 – 114. Lima: Instituto de Estudios Peruanos, 1982.) sirvió como elemento para avivar encendidas polémicas. Ambos cuestionaban la versión hispanista de la Independencia al indicar que en realidad aquí casi nadie quiso tal acontecimiento y que por tal razón burgueses liberales de Argentina y la Gran Colombia capitaneados por San Martín y Bolívar nos habían derrotado y por consiguiente concedido la independencia. Este artículo fue usado políticamente por el régimen nacionalista del general Velasco para presentarse como el auténtico liberador del yugo colonial en la década del setenta. De cierta manera fue una versión del estado distinta a la propagada a lo largo de todo el siglo.
Para los historiadores dependentistas el análisis del proceso emancipador carecía de sentido pues éste no había significado nada y por lo tanto era más útil estudiar las conexiones económicas en el XIX republicano para demostrar «objetivamente» la dependencia financiera de Inglaterra. Por ello dedicaron sus esfuerzos a construir minuciosas estadísticas para mostrar nuestra balanza comercial deficitaria decimonónica.
El nuevo discurso rápidamente encontró audiencia en círculos universitarios y en menor medida en ámbitos escolares en donde la versión hispanista parece ser todavía hegemónica.
La máxima creación colectiva de los intelectuales independentistas fue un pequeño libro llamado Nueva Historia del Perú, que reunió diferentes ensayos de diversa calidad. Es interesante anotar cómo la versión hispanista de Riva Agüero ha sido sólo retocada, matizada y difundida y defendida monolíticamente.
Entretanto, los dependentistas, al igual que los indigenistas de la primera mitad del XX, presentan una gran diversidad en sus posiciones y en la calidad de sus trabajos. Posteriomente, con los acontecimientos políticos y la lucha armada de Sendero Luminoso y el MRTA en las dos últimas décadas, -movimientos que reivindicaron el esquema dependentista-, y el descrédito actual del Comunismo en el planeta, podemos observar un cierto resurgimiento en círculos académicos de la versión hispanista de la Independencia.
Hacia una nueva historiografía
Como siempre ocurre, la historia se reescribe y se reinventa, siguiendo la línea de las nuevas necesidades y preguntas de los miembros de la sociedad actual. Por eso, no es de extrañar que en los últimos años haya proliferado una serie de trabajos monográficos, generalmente de buena calidad académica, que están más interesados en investigar lo que realmente ocurrió en este país, en realizar estudios regionales, en estudiar las opciones políticas de actores sociales antes no cuestionados. En fin, se prefiere el trabajo paciente y la elaboración de resúmenes o generalizaciones basados en la evidencia encontrada, a una discusión ideológica que ha hecho crisis.
Es decir, se está optando por el camino inverso al de los hispanistas, indigenistas, y marxistas quienes primero presentaban un esquema de interpretación que luego tenía que ser reforzado por los trabajos monográficos, camino que trajo como consecuencia sólo la confirmación de sus ideas preconcebidas.
Hoy existe cierto consenso en afirmar que la Independencia es un largo proceso de transición entre el mercantilismo virreinal y el liberalismo decimonónico, (1770 - 1845), en el que las diversas regiones (costa y sierra norteñas, la costa central, la sierra central, la costa y sierra sureñas) tuvieron diferentes perspectivas, actuaciones y propuestas políticas frente a la Independencia. Que en algunas la independencia era una necesidad, mientras que en otras significaba una ruina.
Que la independencia no estuvo necesariamente ligada al establecimiento de una República y que la idea de Monarquía era más que seductora para la aristocrática sociedad peruana. Que la plebe urbana actuó también de diversas formas de acuerdo a los intereses y la región a la que pertenecían. Que los Kurakas, Caciques o Varayocs actuaron calculando bien sus intereses particulares al apoyar a los realistas o a los independentistas. Que el clero también estaba dividido. Que no necesariamente las rebeliones que se produjeron en este período estaban vinculadas a la Independencia, sino que muchas de ellas respondían a retos del XVIII o a meros intereses locales. Que no hubo integración y proyecto asumido masivamente como colectivo histórico, en un marco largo de inestabilidad y turbulencia prolongado hasta fines del siglo XIX.
Tal parece que la nueva síntesis en construcción recogerá esta diversidad o heterogeneidad. Que no es casual que suceda esto ahora que estamos reconociendo que América Latina es y siempre fue una sociedad pluricultural y multiétnica, y que la diversidad de posiciones frente a la Independencia fue evidente, como no podía ser de otra manera.
¿Cómo podemos contribuir los docentes al conocimiento histórico ?
Además de promover investigaciones locales con otros docentes es conveniente replantear la enseñanza de la historia para ponernos junto con nuestros estudiantes a hacer el aprendizaje de nuestra historia, descubriendo raices y enlazando pueblos, descubriendo sentidos y construyendo las historias personales, en una visión de conjunto para el desarrollo humano, con
énfasis en la FORMACIÓN CIUDADANA. Así podremos hacer de nueva manera la historia de nuestra nación y de sus múltiples pueblos que buscan integrarse y realizarla.
Proponemos utilizar distintas y variadas estrategias para el trabajo de diversos temas con nuestros alumnos y alumnas, para que sus aprendizajes permitan fomentar su protagonismo maduro y responsable en todos los escenarios posibles e involucrarlos en la tarea de reconstruir y vivir la historia de nuestros antepasados, con proactividad constructiva y con utopía de futuro.
En las aulas, ha primado la enseñanza de la historia desde la óptica de las macrodimensiones ( la historia nacional , continental o mundial ) y no la de interpretarla o promover que niños y adolescentes aprendan desde la historia local y regional donde ellos están inmersos, en los cuales se involucren o ubiquen su historia personal y familiar, como un modo de dialogar con su pasado e interactuar con su presente, para comenzar a atar cabos y proyectar con otros la construcción de su futuro.
Ello es evidente también en diversas fuentes actuales de difusión histórica o geográfica, por ejemplo cuando nos presentan pocas expresiones importantes sobre al arte popular y folklore ubicadas en el departamento de Lima, o los centros importantes de turismo del mismo concentrados en Lima metropolitana y su entorno (Ej .: PROM PERÚ. El Perú y sus recursos, Atlas geográfico y económico. Auge S.A. Editores, Lima 1994).
Así, para el caso de Lima, ¿Dónde encontrar las expresiones históricas de pueblos como Huarochirí, Yauyos u otros?, ¿Es que acaso en la historia andina y colonial hasta hoy los únicos protagonistas son los que vivieron en la capital o en sus cercanías?, ¿Qué otras fuentes históricas nos pueden dar cuenta de una historia viva que a su vez pueda dar sentido a sus cambios y desplazamientos para entender lo que hoy es una Lima con sus conos poblacionales como crisol intercultural de un mundo mestizo y provinciano?
Es cierto que varios maestros y maestras han buscado metodologías diferentes y han tratado de tomar casos y realidades del entorno de sus estudiantes, eso es positivo y meritorio. Se hace indispensable que ello se convierta en una línea sostenida de aprender y enseñar a partir de las microdimensiones para involucrar sus historias personales y familiares, con el propósito de orientar su formación e involucramiento como ciudadanos capaces de hacer una nueva historia en la vida de su familia, localidad y región.
Les proponemos mirar y vivir la historia desde el presente de cada uno, desde la historia de cada uno y su familia, en sus orígenes y trayectoria, para ubicar su evolución en los contextos y dinámicas de cambio sucedidos en nuestra historia local y regional, para visualizar las repercusiones e impactos de acontecimientos que marcaron la vida nacional e internacional.
En cuanto a la apropiación de la historia podemos abordar distintos momentos de nuestra historia peruana desde el prisma de lo acontecido en un marco local – regional, desde el cual pueden entenderse mejor las necesidades de identidad, de investigación y participación de nuestros adolescentes y jóvenes.
Fuente: ¿Cómo se construye el conocimiento en Historia?. Estudios Sociales y Ciudadanía. Capitulo III El Desarrollo de la Ciencia Histórica en el Perú del Siglo XX. Portal Ciberdocencia

No hay comentarios.: