08 octubre 2008

La radio en el Perú (1925-1945)

La separación entre radiodifusión y radiotelegrafía se establece con claridad después de la Primera Guerra Mundial. Es también por entonces que empiezan a perfilarse modelos de radiodifusión. En Estado Unidos se elige un modelo privado, según el cual el Estado concede licencias de funcionamiento y atribuye frecuencias para uso comercial a empresas privadas. En Europa se experimentan modelos distintos. Francia aplica, en una primera instancia, un régimen mixto; en España se impone un monopolio privado de hecho. A finales de la década de los veinte algunos países europeos (Inglaterra entre ellos) perfilan el modelo de radio pública, que contempla la reserva por parte del Estado de frecuencias que son administradas por entidades de derecho público, y la orientación de la programación hacia la educación y la cultura. En el Perú se opta, inicialmente, por un modelo de monopolio privado.
El contrato con la Marconi’s Wireless Telegraph Company
El gobierno de Augusto B. Leguía había decretado, el 19 de enero de 1921, que los servi-cios de correo, telégrafos y similares (lo que incluía a la radiotelefonía, que era como entonces se llamaba a la radiodifusión) constituían un monopolio cuya explotación corría a cargo del Estado; sin embargo, ese mismo año el gobierno suscribió un contrato con la empresa Marconi’s Wireless Telegraph Company, por el que le entregaba a ella "la administración completa, exclusiva e irrevocable, por un período de veinticinco años" de esos servicios, otorgándole facultades para usar y explotar todas sus patentes (presentes y futuras) sobre radiotelegrafía y radiotelefonía. El contrato, elevado a escritura pública el 13 de junio de 1921, fue muy cuestionado, especialmente por los diarios El Comercio y El Tiempo. Cediendo a la presión de los medios y de la oposición política, el Ejecutivo llevó el documento al Congreso para su discusión. Finalmente fue aprobado con algunas modificaciones por ley en 1926 (Gargurevich, 1995: 46-52).
La Peruvian Broadcasting Company y la primera estación: OAX
En 1924 se creó la Peruvian Broadcasting Company, con el objeto de "explotar el negocio de la radiodifusión telefónica en toda la República del Perú", según su acta de constitución. La flamante empresa logró que el gobierno le permitiera –por resolución suprema- la adquisición de los derechos y concesiones de la Marconi Wireless respecto de la "radio-telefonía", de forma tal que se convirtió en "la explotadora exclusiva de aquel negocio", con derechos sobre la importación, venta y alquiler de aparatos para la recepción y la transmisión de radiotelefonía. Los fundadores de la Peruvian Broadcasting Co. fueron los señores César Coloma, Santiago Acuña, Fernando Carvajal, Luis Tirado (peruanos), Paul Widmer (belga), Ronald M. J. Gordon (inglés) y W. F. Ford (estadounidense). Ellos se propusieron crear la primera estación de radio del país, que recibiría la denominación OAX.
Por entonces la dictadura de Leguía invocaba la construcción de la Patria Nueva y prego-naba su fe en la modernidad. La ciudad se transformaba, se inauguraban plazas y avenidas, la radiotelefonía surgía como fenómeno urbano y símbolo de progreso, y compartía espa-cios en diarios y revistas limeños con otras actividades "modernas" como la aeronáutica, el cine y el fútbol.
En Lima ya existía un grupo de radioaficionados que acogieron con entusiasmo la noticia de que se iba a establecer una estación radial en la ciudad. En días y meses previos a la pri-mera emisión oficial de OAX, El Comercio, La Crónica y Variedades desplegaron nutrida información sobre el nuevo medio.
El 20 de junio de 1925 OAX es inaugurada por Leguía y empieza a emitir programación. Funciona en un local ubicado en la calle Washington, con un equipo similar al del 2LO de Inglaterra.
El entusiasmo que generó la inauguración de OAX duró poco. Al parecer, la venta de re-ceptores (principal fuente de financiamiento de la empresa, ante la falta de publicidad pagada) no prosperó. La sección "Radio" de El Comercio daba cuenta, apenas al día si-guiente de inaugurada la emisora, que muchos lectores se quejaban de los precios im-puestos por la Peruvian Broadcasting Co., y explicaba "cómo se puede construir con poco gasto un receptor de cristal". La programación de la emisora, de otro lado, compuesta en su mayoría por música clásica y conferencias culturales, no resultó muy atractiva para un público numeroso. Tampoco la licencia para elevar una antena, que se fijó en una libra peruana.
En setiembre de 1926 la Peruvian Broadcasting Co. anunció su disolución y liquidación. El gobierno dispuso la adquisición de todos los derechos y propiedades de la empresa, y entregó los servicios de radiodifusión a la Marconi Wireless para su administración. Asimismo, dejó sin efecto la exclusividad concedida a la Peruvian Broadcasting Co. para la importación de aparatos y accesorios radiofónicos, dando cabida a la libre importación. Por último, mediante resolución suprema estableció el pago semestral de una libra peruana por derecho de receptor, anulando las licencias para el uso de receptores emitidas anterior-mente. Si bien la libre importación de receptores y artefactos pudo alentar una mayor difusión de la radio en el país, el pago semestral del llamado "derecho de antena" no fa-voreció el aumento del consumo.
OAX después de la caída de Leguía.
La recesión mundial tuvo efectos devastadores en la economía del Perú y precipitó la caída del Leguía, quien fue derrocado en agosto de 1930. El 1 de octubre, la Junta Militar que se hizo del poder dispuso, mediante resolución suprema, que el Ministerio de Gobierno asu-miera directamente la administración del servicio de radiodifusión, nombrando al señor Joaquín de Azambuja como jefe de dicho servicio. Al año siguiente la OAX fue puesta bajo la administración de una nueva empresa privada, la Compañía Nacional de Radiodifusión, fundada por Guillermo Lazarte, Santiago Neguib y Félix Navarro. La Marconi protestó y entabló pleito al Estado peruano invocando el contrato firmado con el gobierno de Leguía. El contrato fue revisado y rescindido por la ley 7576 del Congreso Constituyente en setiembre de 1932, pero el conflicto con la Marconi duraría hasta 1935.
El retiro forzado de la Marconi abrió las puertas al otorgamiento de licencias a otras em-presas privadas. El consumo de la radio, sin embargo, era mínimo y se mantuvo así durante la grave crisis económica y política que sufrió el país entre 1930 y 1933.
Nuevas estaciones privadas
Bajo el efecto de la crisis mundial, hacia 1931 el Estado peruano había quedado en ban-carrota financiera, el comercio se contrajo, la moneda se devaluó, se restringió el crédito y aumentó la desocupación. La violencia política alcanzó sus topes con la insurrección aprista de Trujillo en 1932 y el asesinato del presidente Sánchez Cerro en 1933.
No obstante, ese mismo año de 1933 hubo signos de recuperación económica (gracias al aumento del precio del algodón) y para 1934 el país estaba ya superando la crisis. Un in-dicativo de ello fue la aparición de nuevas emisoras radiales de carácter privado: OAX4B Radio Grellaud (del ingeniero Roberto Grellaud, más tarde Radio Lima), OAX4C Radio Dusa (Difusora Universal S.A. de Carlos y Jorge Franco), OAX4E Radio Weston (que des-pués se llamaría Radio Goicochea y más tarde Radio Central, propiedad del ingeniero Juan Pablo Goicochea). En 1935 surgieron OAX4I Radio Internacional (de Antonio Vásquez Pequeño), OAX4L Radio Miraflores (de los hermanos Clemente y Ricardo Palma), Radio Sucre, OAX4F Radio Castellano, OAX4H Radio Dávila y OAX4T Radio Gilco. Los pro-pietarios de las tres últimas eran concesionarios de fabricantes de aparatos receptores en el Perú, y llenaban su programación con música grabada en discos que vendían en sus res-pectivos establecimientos. Ante la aparición de las nuevas emisoras la antigua OAX em-pezó a denominarse OAX4A Estación Radiodifusora Nacional.
Creación de Radio Nacional del Perú
En 1935 el gobierno y la Marconi hicieron las paces. El Estado cedió nuevamente a la Marconi la administración de las comunicaciones en el país, a cambio de que esta donara una moderna estación radial que reemplazara a la antigua OAX. Así, se relanzó la emisora del Estado con el nombre de Radio Nacional del Perú. En enero de 1937 se inauguraron los nuevos equipos y locales con asistencia del presidente Benavides y el representante de la Marconi, Miguel Mc Nulty, quien fue nombrado gerente de la emisora. Las oficinas y estudios de Radio Nacional del Perú se ubican desde entonces en la avenida Petit Thouars. El Estado asumió la administración directa de la estación.
El mismo año de 1937 el gobierno de Benavides promulgó un Reglamento de Radiodifu-sión y consagró así un modelo en el que, reservándose una potente emisora, admitía el otorgamiento de licencias a empresas privadas de radiodifusión comercial.
La primera cadena privada
A comienzos de los cuarenta algunas emisoras desaparecen (Radio Castellano, Radio Dávila, Radio Sucre), pero otras son inauguradas. Radio Mundial, de Tomás Ronald, sale al aire el 23 de enero de 1942. Su director es Juan Sedó, quien ya había destacado como locu-tor deportivo de Radio Nacional. La estación trae de Argentina a Alberto Pillado Matheu como gerente de producción y a su esposa, la actriz y escritora Queca Herrero (María Angélica Herrero), quien años después tendría notable participación en varias emisoras pe-ruanas.
En 1942 se crea la primera cadena privada: la Compañía Peruana de Radiodifusión S.A., de propiedad de José Bolívar, Jorge Cárcovich y Antonio Umbert. La cadena comprende a Radio Lima, Radio América, Radio Callao, Radio Miraflores y Radio Goicochea en Lima, Radio Delcar de Chiclayo, Radio Universal de Ica, Radio Continental de Arequipa, Radio Huancayo, Radio Huánuco y Radio Cusco. La Compañía Peruana de Radiodifusión S.A. se llama a sí misma, con orgullo, "la organización de radio más poderosa de la costa del Pacífico Sur".
Las principales emisoras de la cadena son Radio Lima y Radio América. Radio Miraflores y Radio Callao se separan al poco tiempo de la red. Radio Goicochea hace lo mismo, y su propietario, Juan Pablo Goicochea, cede las riendas de la emisora a Genaro Delgado Brandt y Alberto Pillado Matheu; ambos asumen la dirección en noviembre de 1942.
En 1944, Bolívar y Cárcovich se retiran de la Compañía Peruana de Radiodifusión S.A. Radio América pasa a ser propiedad de Antonio Umbert y Nicanor González Vásquez; y Radio Lima es comprada por los hermanos Avelino, Luis y Raúl Aramburú (Alegría, 1993: 102). Ese mismo año sale al aire Radio Victoria, de José Eduardo Cavero, que más tarde se convertirá en la cabeza de la mayor cadena radial privada del país.
EL ESTADO Y LA RADIO
El Estado promovió la comunicación radial desde comienzos del siglo XX, bajo la forma de radiotelegrafía, al parecer dentro de una política modernizadora que pretendía la integración del país y sobre todo de la Amazonía a la capital, en una coyuntura de definición de fron-teras geográficas.
En enero de 1921, invocando razones de seguridad nacional, el gobierno de Leguía consi-deró, mediante decreto supremo, que "los sistemas de telegrafía y telefonía sin hilos" de-bían ser monopolizados por el Estado (Gargurevich, 1995: 54). Sin embargo, pocos meses después contempló que el desarrollo de esos medios de comunicación demandaba in-versiones que excedían su capacidad financiera y entregó su administración a la Marconi. La tesis de Gargurevich (1995) según la cual la Peruvian Broadcasting Co. estaba integrada por amigos del presidente es atendible, pero no está demostrada, aunque la empresa obviamente contó con la complacencia del gobierno y de la Marconi. El uso político que el régimen pudo dar a la radiodifusión fue, sin embargo, muy limitado.
Si bien Leguía, al inaugurar OAX, llamó a los ciudadanos a participar en el plebiscito sobre la cuestión de Tacna y Arica, el discurso en realidad estaba dirigido a la prensa y no a los oyentes, como lo reconoce el mismo Gargurevich (1995: 81), pues el número de receptores era aún muy escaso. OAX retransmitió también los discursos presidenciales ante el Congreso en las fiestas patrias de 1927.
Como ya hemos señalado, cuando cae el gobierno de Leguía el contrato con la Marconi es rechazado por el nuevo gobierno. La administración de la radio OAX pasa a otra empresa privada tras una brevísima administración estatal. Al dejarse de lado el monopolio estatal y privado (aunque en la práctica exista aún una sola emisora), el Estado considera imponer su control sobre los contenidos de los mensajes radiofónicos. La Ley de Imprenta 6961 del 2 de diciembre de 1931 contempla la posibilidad y sanción de delitos cometidos a través de la radio; algunos de estos delitos son: difamación, injuria, calumnia y provocación al homi-cidio, robo, incendio, lucha armada o guerra (Perla, 1995: 48-49).
En enero de 1936, la dictadura de Benavides intervino con una investigación a Radio Sucre por la emisión de "propaganda subversiva" atribuida a asaltantes que habían tomado esa emisora. El asalto, como lo recuerda Armando Villanueva del Campo en sus memorias (Villanueva/Thorndike, 2004: 75-77), fue planeado y ejecutado por un comando del Partido Aprista, por entonces proscrito. Ese mismo año el gobierno decretó el cierre del programa La revista oral que conducía César Miró en Radio Dusa, por emitir un pronunciamiento del candidato presidencial José Antonio Eguiguren, quien se presentaba a las elecciones con apoyo aprista (Alegría, 1993: 58). Como se sabe, Eguiguren ganó las elecciones pero estas fueron anuladas. En 1937 el Estado asumió directamente la administración de OAX con el relanzamiento de Radio Nacional.
La refundación de Radio Nacional y la publicación de un Reglamento de radiodifusión, también en 1937, implicaron el reconocimiento por el Estado de la importancia que había adquirido el medio, al punto de que consideraba que merecía una regulación específica y podía ser usado por el gobierno con fines de propaganda y de "afirmación de lo nacional" (cf. Perla, 1995: 49-50).
Al respecto, debe tomarse en cuenta la coyuntura política externa como la interna. En polí-tica exterior las tensiones con Colombia y Ecuador; y en política interna con el Apra y el comunismo. El pretexto que esgrimió el gobierno de Benavides para anular las elecciones que ganó José Antonio Eguiguren fue que habían votado en ellas ciudadanos que respon-dían a consignas de partidos extranjeros. La propaganda que el régimen proponía a través de la radio estaba dirigida parcialmente hacia afuera, pero fundamentalmente hacia dentro del país; buscaba llegar a la masa urbana interna, afirmando "lo nacional" en contra de co-rrientes, no solo artísticas sino también políticas, que eran catalogadas de extranjerizantes.
Lo "nacional" en la radio se vinculó al costumbrismo y a las manifestaciones de lo "po-pular": en primer lugar la música criolla de la costa, y en menor medida la música andina. Se trataba con ello de ganar a las masas populares a las posiciones políticas del gobierno (y alejarlas de la influencia subversiva del Apra y el comunismo) mediante el reconocimiento de su cultura, que se llevaba a cabo al mismo tiempo que se le otorgaban beneficios labo-rales y atención social.
Benavides utilizó la radio para dirigir mensajes a la nación, tanto en las festividades patrias como a fin de año. En el discurso de fin de año de 1934 dijo: "No es un discurso el que voy a pronunciar; es una charla amistosa con mis conciudadanos, en estilo tan llano, preciso y claro como me sea posible" (El Comercio, 1 de enero de 1935, p. 4). El tono recuerda a las "charlas junto al fuego" que el presidente norteamericano Roosevelt dirigía a los oyentes de su país entre 1933 y 1936. En cualquier caso, Benavides fue el primer jefe de Estado pe-ruano que empleó de modo regular y consciente la radio como medio masivo con una orientación claramente política.
La propaganda de lo "nacional" en la radio, promovida por el Estado, no era necesaria-mente explícita. Pudieron influir en la concepción de la misma las emisiones diarias que se recibían en Lima de Radio Berlín, y que se prolongaron inclusive después de estallada la Segunda Guerra Mundial. Radio Berlín emitía música clásica de autores alemanes, pero también música folclórica y canciones populares, aparte de noticieros tendenciosos. Su pro-gramación aparecía en el diario El Comercio y en las revistas Voces en Ondas y Alta Voz, entre otros medios.
Cabe mencionar, además, que la política económica del régimen de Benavides apuntó a respaldar al sector industrial de la economía, lo que benefició a los nuevos empresarios radiales (cf. Caravedo, 1976).
El gobierno de Manuel Prado (1939-1945), por su parte, buscó remarcar el sesgo educativo que el Estado pretendía dar al medio, creando la Escuela Nacional del Aire para "auxiliar el dictado de las lecciones escolares y crear núcleos especiales de alumnos entre el elemento obrero y campesino", según discurso del presidente en 1944 (El Comercio, 29 de julio de 1944, p. 8); abocándose Radio Nacional, por entonces bajo la dirección artística de César Miró, a irradiar radioteatros culturales con Augusto Tamayo Vargas y Alberto Tauro como libretistas.
Prado, un miembro de la oligarquía que había llegado al gobierno con votos apristas y comunistas, se mostró bastante tolerante con la sindicalización de los trabajadores. El presidente acudió en diciembre de 1942 a la proclamación de la Asociación Mutualista de Artistas y Empleados de la Radio (AMAER) que tuvo lugar en el Teatro Segura.
No obstante, un episodio ocurrido durante el régimen, y cuya investigación se ha de profundizar, es el cierre de Radio Internacional. Alegría (1993) dice que el Estado retiró la licencia a dicha empresa acusando al director de la radio, el español Antonio Vásquez Pequeño, de ser partidario de las fuerzas del Eje. Como se sabe, el Perú respaldaba a los aliados en la Segunda Guerra Mundial. La versión es corroborada por Maruja Venegas (entrevista) empleada de la emisora por entonces, quien adjudica el cierre de Radio Interna-cional a "problemas de política peruana y la guerra", pues "Vásquez Pequeño era germanófilo". Radio Internacional pasó a otros dueños con el nombre de Radio Colonial, y finalmente, en los cincuenta, se convirtió en Radio La Crónica, de propiedad de la familia Prado.
PROGRAMACIÓN Y RECEPCIÓN
La programación de OAX (prácticamente la única emisora entre 1925 y 1934) estaba orientada hacia un público escaso y de elite (aquel que podía comprar un receptor y pagar el derecho de antena). Tal programación no tenía únicamente un contenido educativo e in-formativo, pues los directores artísticos de la emisora (Antonio Garland y Rosa Hernando) alternaban la lírica, la música clásica, las conferencias culturales, las clases de inglés y las noticias sobre cotizaciones, lotería y boticas, con monólogos cómicos, one steps, fox trots, tangos y pasodobles.
Sin embargo, ese público de elite no constituía un mercado suficiente para una radiodifu-sión comercial. Cuando a partir de 1934 aparecieron nuevas emisoras, voceros de ese públi-co instruido y económicamente solvente, como el crítico musical Carlos Raygada, se que-jarían de que los cantantes líricos que asistían a las emisiones en vivo no tenían la calidad de los intérpretes de los discos importados (Raygada, 1938); la misma observación haría un anónimo editorialista de la revista Voces en Ondas, pero para demandar que las emisoras irradiaran menos música selecta y más música popular (Voces en Ondas 2, p. 4). Para entonces la mejora de la tecnología y la superación de la crisis permitieron que los sectores menos favorecidos pudieran adquirir receptores baratos, a plazos y de mayor calidad. Ello facilitó lo que sería el fenómeno más importante de la década: el acceso de la cultura popular al medio, y la conversión de éste en masivo.
El agitado proceso electoral de 1931 había tenido como particularidad la intervención de grandes movimientos de masas. Por primera vez en la historia del Perú las masas populares habían hecho su aparición como actores políticos con claras demandas. Después del asesinato del presidente Sánchez Cerro, el gobierno del general Benavides trató de frenar la presión social a través de medidas represivas, pero también pretendió satisfacer parte de esas demandas vía el gasto público en la generación de puestos de trabajo y el otorgamiento de beneficios laborales. Fueron creados los ministerios de Educación y Salud, se estableció el Seguro Social Obligatorio y se inauguraron los restaurantes populares (cf. Caravedo, 1976; Portocarrero, 1983). Las masas, que empezaban a tener influencia en la política y los planes sociales del Estado, también hicieron sentir su presencia en los medios de comunicación, concretamente en la radio. Como hemos señalado, el gobierno concibió la radio como un instrumento de propaganda de lo nacional. Admitió las manifestaciones de la cultura popular, en especial la música, como parte de lo nacional, buscando de este modo el reconocimiento de esas masas populares (es decir, que lo identificaran como "su" gobier-no), a la vez que procuraba alejarlas de la influencia política de agrupaciones cuya ideología catalogaba de "foránea".
Los empresarios privados, por su parte, orientaron decididamente el medio hacia el entretenimiento. No obstante cabe indicar que los objetivos culturales y de propaganda del gobierno de Benavides no estaban reñidos con los objetivos comerciales de los empresarios peruanos. Si para el gobierno emitir música popular peruana contribuía a afirmar la nacionalidad y facilitaba la hegemonía de los sectores dominantes, para los empresarios era sencillamente rentable, pues esa música era la preferida de la mayoría de los oyentes. El mercado se iba ampliando y aparecían los anunciantes ávidos de captar compradores, si no demasiado solventes, sí bastante numerosos. De este modo, fuera por afán de lucro o por política gubernamental, por primera vez asomaba lo popular como parte de la cultura nacional en un medio masivo.
La celebridad de los artistas de la radio se incrementó y la demanda del público por es-pectarlos en vivo originó la presentación de ellos en teatros y cines de barrio. A fines de los treinta y comienzos de los cuarenta, emisoras como Lima, América, Goicochea y Central inauguraron auditorios. Radio Nacional no se quedó atrás y, bajo la dirección de César Miró, construyó, durante el primer gobierno de Prado, un auditorio a partir de uno de los estudios del local de Petit Thouars.
Fuente: LOS PRIMEROS VEINTE AÑOS DE LA RADIO EN EL PERÚ autor Emilio Bustamante
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