20 septiembre 2008

El tallado en piedra como tradición de Cajamarca

Una de las tradicionales divisiones de la historia de la humanidad es la de la edad de piedra y de los metales, de allí que es un hecho general que las primeras huellas de la presencia del ser humano sean de piedra, como ocurre con las culturas pre incásicas , una de cuyas manifestaciones son los petroglifos. Los Incas continuaron usando la piedra para varios propósitos como construcciones; queda el cuarto del rescate de Cajamarca.
Durante la colonia los españoles, aunque en menor escala usaban este material como es el caso de blasones que colocaban en casas importantes.
El oficio de picapedreros se difundió con la elaboración de piezas con contenidos escultóricos y otras utilitarias - estéticas tipo piletas. Con materiales pétreos de diferentes condiciones se desarrollaron artesanías de piezas pequeñas, algunas admirables por su precisión, como la marmolina, la traquita, la andesita y la piedra azul. Para fines funerarios, con una visión estética diferente, se desarrolló el trabajo de lápidas colocadas en los cementerios, como el de San Francisco de Huambacocha en el que hay un centenar de lápidas que representan las actitudes de sus habitantes en este aspecto.
Las primeras huellas de la presencia humana en Cajamarca han sido talladas, esculpidas, grabadas y pintadas sobre piedra desde épocas muy tempranas, como testimonio de su cosmovisión.
El arqueólogo Rogger Ravines realizó el primer inventario de sitios arqueológicos de Cajamarca, encontrando más de 300 de ellos (Ravines 1985). Debe destacarse también la labor del arqueólogo Augusto Cardich, quien encontró en algunas cuevas y abrigos rocosos del denominado Complejo de Cumbemayo (10.505 a.C.) una serie de evidencias del uso de instrumentos de piedra, que se corresponderían con las primeras tradiciones líticas de los Andes Centrales.
Siglos más tarde, los antiguos pobladores o «gentiles», demostraron su elevado desarrollo al labrar, cuidadosamente en roca vol
cánica, un acueducto que presenta varias secciones grabadas con símbolos vinculados a la agricultura y a la astronomía. Este canal, de 9 km de recorrido y a 3555 msnm, cumplió el objetivo de conducir aguas de la cuenca del océano Pacífico hasta el valle de Cajamarca. Asociados al canal hay diversos elementos importantes: estructuras a manera de escalinatas labradas en grandes rocas planas con bordes salientes en ángulo, una plataforma redonda en forma de cono truncado, conocido como la "piedra de los sacrificios", y una especie de adoratorio o templete labrado en un abrigo de traquita, el mismo material de las formaciones naturales de "Los Frailones", (geológi-camente corresponde a la formación Cumbemayo), un hermoso bosque de piedras que corona el Cumbe.
A otro lado del valle, en el apu Callajpuma o Pumaorco, a 3 km de Baños del Inca, en el camino al pintoresco distrito de Llacanora, abundan las más variadas pinturas rupestres sobre las superficies planas de la roca y conforman uno de los yacimientos pictográficos más extensos y antiguos del Perú.
Sin embargo, el sitio arqueológico de Kunturwasi (Casa del Cóndor), en la provincia de San Pablo, es el más famoso porque allí se han hallado, además de sus notables piezas de oro, cerámicas y líticas, una serie de monolitos, estelas, columnas y dinteles de granito con bajorrelieves labrados con figuras zoomorfas y antropomorfas. Las tres plataformas superpuestas, con una altura de 12 m conforman una estructura piramidal que se levanta en el cerro La Copa. La Misión Arqueológica de la Universidad de Tokio, dirigida por Yoshio Onuki, trabaja en este lugar desde 1988.
Ventanillas de Combayo. Cajamarca
Son característicos los nichos cavados en la roca, denominados "ventanillas", que eran empleados ritualmente como segundos enterramientos. Su disposición algunas veces en hileras y otras en galerías, concitan la atención permanente de los visitantes. Se encuentran en mayor
número en Otuzco y Combayo (Cajamarca) y en Bambamarca. A partir de la conquista Inca del reino de Cuismanco, uno de los señoríos más importantes de la región entre 1456 y 1460 se construyó en lo que es hoy el Centro Histórico de Cajamarca, una ciudadela con piedra de cantería labrada, con una plaza grande cercada de tapias y de casas y con un templo al sol, según cuenta el cronista Francisco de Jerez.

Cajamarca
Pizarro y sus huestes llegaron a Cajamarca el 15 de noviembre de 1532.
Al asentarse en la villa prácticamente barrieron con las edificaciones que hallaron. Los únicos vestigios incas que quedaron en Cajamarca son el famoso Cuarto del Rescate, con sus hiladas de piedras labradas al estilo imperial, algunos tramos de la calzada a Pultumarca o Baños del Inca y los restos arquitectónicos que se encuentran en ese lugar.
Pero los españoles no fueron los únicos en demoler la ciudad inca y su plaza triangular. Concluidos los dramáticos sucesos de la toma de Cajamarca, la captura y muerte de Atahualpa, la ciudad fue destruida por las fuerzas de Rumiñahui y el cadáver de Ata-hualpa transportado a Quito, como afirman los cronistas. Sólo después de estos acontecimientos, es que los españoles se asentaron en la villa. En 1549 arribaron los Franciscanos al lugar y lo bautizaron con el nombre de "San Antonio de Cajamarca".
Durante todo ese siglo el asentamiento se fue organizando alrededor de la plaza de armas, la casa del Corregidor y, como era costumbre en las ciudades coloniales, el abolengo de sus moradores se expresaba en sus mansiones con hermosas portadas –actualmente se conservan alrededor de un centenar–, muchas de las cuales mostraban símbolos heráldicos en sus frontis. En 1615, época en que se consolida la ciudad gracias a la bonanza económica sustentada en el desarrollo de la ganadería, la agricultura y el trabajo indígena en los obrajes, el cronista Antonio Vásquez de Espi-noza se refiere a esta villa como "Cajamarca la grande", denominación que aún es empleada para referirse a todas sus potencialidades.
Estas hermosas casonas de adobe y piedra tenían sus peculiaridades arquitectónicas. Fernando Silva Santisteban (2001) describe que "el ingreso a las casas se hacía a través del zaguán de arcos y con poyos laterales según el tamaño y el rango del propietario. El zaguán desembocaba en un patio, por lo general de tipo andaluz, con una pila central y jardín. Alrededor del patio se organizaba una primera forma de distribución de las habitaciones, al frente el salón de recibo y a los lados los dormitorios y las ‘cuadras’ o habitaciones para varios usos. Después del salón se hallaba el comedor, con vista a la huerta o al traspatio, donde estaba la cocina, la despensa y otras habitaciones para el servicio. Por lo general, gran parte del solar estaba ocupado por la huerta y por el corral para uno o dos caballos, así como para los animales que se criaban con fines alimentarios (...) los pisos, tanto del zaguán como del patio estaban empedrados, generalmente con piedras azules (lajas de caliza dura) intercalados en cuadros con cantos rodados".
Durante los siglos XVII y XVIII, Cajamarca vivió su mayor apogeo colonial debido a la explotación del asiento minero de Hualgayoc. La construcción de los templos de San Francisco, la Catedral, la iglesia y el Hospital de Belén, son manifestaciones de este esplendor, que es calificado por el estudioso Antonio San Cristóbal como propios de una Escuela Arquitectónica Regional: "La decoración alcanzó en Cajamarca una gama de intensidad creciente que progresa desde la portada de San Antonio, pasando por la de la Catedral hasta alcanzar su máxima culminación en la portada-retablo de Belén (...) la calidad, la abundancia y la diversidad de las figuras escultóricas en las portadas cajamarquinas elevan la escuela regional de Cajamarca a primer rango entre las escuelas arquitectónicas virreinales en lo que se refiere a la escultura decorativa. El aporte más original de Caja-marca consiste en haber difundido por todo el espacio de las portadas la unidad ornamental entre las esculturas y los componentes estructurales, de un modo como no se ha practicado en ninguna obra de las escuelas arquitectónicas regionales del Perú" (San Cristóbal 1987)
El oficio de los picapedreros se convirtió en la época colonial, en uno de los más preciados en el campo de la construcción. Pero con el transcurso de los años, la debacle minera y los gastos en las guerras emancipatorias y en la del Pacífico, afectaron la calidad de las construcciones y de sus elementos arquitectónicos, y fueron confinando la labor de los alarifes a producir simples elementos decorativos. Sin embargo, en Huambocancha y en los alrededores de la hacienda Porcón, se mantuvo el espíritu que condujo a los escultores y talladores a crear grandes muestras arquitectónicas.
En la provincia de San Pablo la producción de trabajos en piedra se efectúa en talleres familiares. Allí elaboran estatuas, pirámides, figuras de animales, escenas de la vida cotidiana de la comunidad y reproducciones de los monolitos del sitio arqueológico de Kunturwasi. La materia prima es extraída de tres canteras o minas cercanas a la ciudad, denominadas Chalaques, Caparrosa y Cristo de Sangal, mediante barretas, combas y picos. Los artesanos emplean, para la confección de sus piezas, diferentes tipos de cinceles, esmeriles, lijas, sierras y lacas. Los principales centros de ventas donde ofrecen sus productos son Chiclayo y Trujillo; un pequeño porcentaje también es comercializado en las ferias de San Pablo y en Cajamarca.
Los talleres de Porcón
En los alrededores de Porcón, y en un sector de cinco kilómetros de la carretera que une Cajamarca con Bambamarca, se emplazan varios talleres artesanales de picapedreros, escultores y talladores que mantienen la vitalidad del trabajo en piedra. En el caserío de Huambocancha, a 5 km aproximadamente al norte de la ciudad de Cajamarca, se ubican una serie de locales en los que familias enteras, como las de los maestros Terán, Chilón y Huatay, se dedican a trabajar las piedras de cantería, granito y marmolina. Allí mismo, al margen de la carretera, exhiben y venden sus productos continuando la tradición que iniciaron sus antepasados y que les fue legada de generación en generación.
Estos maestros iniciaron su aprendizaje a la edad de 10 o 12 años, combinando esta actividad con sus estudios escolares. Los niños que se deciden por continuar con este oficio, van adquiriendo, con el correr del tiempo, sus propios estilos hasta definirlos en obras propias. Algunos incluso se perfeccionan en el uso de alguno de los materiales específicos.
La producción actual de estos talleres es bastante difundida en Cajamarca y también a nivel nacional, particularmente por variadas piezas ornamentales y decorativas, así como por la restauración de secciones de iglesias, portones, piletas y bancas, entre otras piezas de consumo externo. Sin embargo, también producen otros artefactos para el uso interno, como los "pilancones" o bebederos para los animales, así como batanes, molinos, etc.
Francisco Terán Tafur, natural de Huambocancha Alta, es uno de los más destacados talladores en marmolina. Su trabajo ha sido reconocido con el premio nacional «Gran Maestro de la Artesanía Peruana» el año 2001, otorgado por el Instituto de Desarrollo del Sector Informal, el Instituto Nacional de Cultura y la Confederación Nacional de Artesanos del Perú.
El sabio Antonio Raimondi en sus viajes por Cajamarca, observó, estudió y documentó las formaciones geológicas y el potencial minero del departamento. En su obra Minerales del Perú y en sus libretas de campo, describe la configuración geofísica., la explotación de las minas de Hualgayoc y el uso de algunos materiales utilizados para las construcciones.

En nuestros días los principales materiales utilizados por los artesanos picapedreros son los siguientes:
La marmolina o piedra jabón (esquistos de carbonato de calcio).
Este material es seleccionado en bloques de 80 a 100 kg. en las canteras ubicadas en la provincia de San Pablo, desde donde se transportan a sus talleres en camiones alquilados por el propio artesano, en un viaje de cuatro horas aproximadamente. Los artesanos, que viajan 3 o 4 veces al año para proveerse de este material, adquieren un tipo de piedra que se caracteriza por ser "piedra aparentada". Las hay de varios colores: blanco, azul, ocre, verde, negro y rojo con blanco.
Para tallar objetos de menor tamaño, cortan la piedra en pequeños trozos con la ayuda de una sierra o serrucho y escogen un fragmento, según el tamaño y color de la obra deseada. A continuación usan los punzones y el martillo para moldear la pieza, después utilizan el esmeril para conseguir las características preliminares del objeto. Con otros punzones más finos proceden a elaborar los detalles más delicados. Luego viene el lijado o pulido y, en varios casos, el barnizado o laqueado final.
Los principales productos que confeccionan son joyeros, bom-boneras, ceniceros, porta-lapiceros, tableros de a
jedrez, nacimientos y una serie de animales y personajes, como incas, chasquis, campesinos, pájaros, búhos, elefantes. También elaboran lápidas y escenas cos-tumbristas y religiosas.
Una de las miniaturas más recientes es la del minero con su maquinaria, en Lápida en el Cementerio de San Francisco de Huambocancha.
La traquita o cantería.

La traquita es una roca volcánica que abunda en los alrededores de Cajamarca, en las canteras de Arispampa, Llushcapampa, Chilimpampa y Porconcillo. Este material es empleado en construcción para hacer las lajas de los pisos y bloques y enchapados para los muros. Con una variedad más dura se elaboran las llamadas «piedras de filtro», que son piezas circulares cóncavas de aproximadamente 60 cm de alto empleadas tradicionalmente, en el campo y la ciudad, para filtrar el agua, gota a gota, y librarla de impurezas.
- El granito (Andesita). La piedra granito procede de unas canteras ubicadas en Chumbil, km. 30 de la carretera a San Pablo, y de Negritos, en las alturas de Cajamarca, desde allí se transporta a los talleres de Huambocancha y Porcón. Con granito se elaboran estatuas, bancas, Lápida en el Cementerio de San Francisco de Huambocancha.
Fuentes, piletas, se esculpen estatuas para plazas y jardines. El tallado de una pileta demora aproximadamente un mes. Algunos maestros se han especializado en cortar los «cuadrados» de granito, ellos utilizan herramientas, como picos, lampas, barretas, cuñas, puntas, estacas de madera, combas de 2 y 12 libras, compases, metros, escuadras y reglas. El procedimiento tiene dos fases. La primera consiste en rayar la piedra con una regla y una punta para luego abrir unos hoyos cada 10 cm con la punta y la comba chica. En el hoyo central golpean con la comba y van abriendo la piedra apoyados de una cuña hasta para obtener los bloques. En la segunda fase se pulen los bordes, con la ayuda de escuadras y combas.
El bloque queda listo entonces para ser trabajado: en el tablón de granito pulido se diseña con una tiza la figura a obtener, que se irá tallando con cinceles y una comba pequeña. Los residuos y el polvo se retiran con una esponja húmeda.
La piedra azul (caliza)

La piedra azul o caliza es otro de los elementos arquitectónicos constitutivos que contribuyen a dar una personalidad singular a las casas cajamarquinas tradicionales. Se usa como losetas, en los pisos de los patios, gradas y zaguanes. La principal cantera se encuentra en el distrito de Magdalena.
Arte funerario en Huambocancha
Una de las más preciadas muestras de arte funerario popular, se encuentra en las lápidas talladas en los cementerios de San Francisco de Huambocancha, Porcón y Los Manzanos, entre otros. En estos camposantos, como bien anotan Villiger y Ravines (1983), se mantiene el "arte de los alarifes del siglo XVII, presente en las fachadas de los templos de Cajamarca (...) y, a no dudar, es el testimonio más bello de la cultura porconera actual: tradicional y creativo".
El camposanto de San Francisco tiene aproximadamente unas 100 lápidas y cruces de piedras pintadas de colores, la más antigua data de 1953. El recinto está cercado por un muro de piedra y por algunas pencas.
Parece ser que anteriormente, las cruces y lápidas talladas en granito sólo llevaban cincelados el nombre del difunto y el año de su fallecimiento, pero con el correr de los años los familiares comenzaron a aplicarles colores llamativos, como forma de ubicarlos más rápidamente y mantener un recuerdo menos lúgubre del finado. Las lápidas o cruces son encargadas como reemplazo de la cruz de madera colocada originalmente en el lugar del entierro y según la costumbre un año después.
Para decorar las lápidas, el artesano elabora en una plantilla un diseño decorativo: «para la almita la piedra más bonita». La estructura tiene 70 cm de alto como promedio, y es tallada a manera de retablo, con dos torres, campanas y relojes, portales con imágenes que corresponden a un prototipo de arquitectura religiosa colonial, semejante a las portadas de la Catedral, San Francisco y Belén.
En estos cementerios, desde muy tempranas horas del 2 de noviembre, Día de los Difuntos en el calendario católico, «se realiza un incesante desfile de gentes de Porcón y caseríos aledaños, portando ramos de flores naturales o coronas de flores artificiales, rosas de crepé adheridas a un aro de alambre, personas que van a visitar a sus muertos en su contacto con el ayer y con el cariño. (...) Allí comienzan, al mismo tiempo que en cientos de sepulcros terrenos, una ceremonia íntima, consistente en la limpieza de la cruz, el rezo de alguna oración y, luego la entrega de ofrendas al alma del difunto de acuerdo a los gustos que tuvo en su vida: rosquitas, paltas, bollos, dulces típicos, aguardiente, habas choclos, frutas, pan, chicha, hojas de coca. El alma entonces acude y comparte con los presentes las conversaciones y el almuerzo al aire libre: ‘Hemos venido a visitarte, Taitito, te dejamos este pancito’, ‘Te saludamos todos tus hijos, madrecita que bajas del cielo’, ‘Hermanito, aquí te dejamos estas ofrendas, tu pancito para tu alma bendita’, y otras expresiones más que pueden escucharse entre la multitud de polleras coloridas, sombreros en las manos, alforjas generosas, tragos de aguardiente y lágrimas furtivas." (Villiger y Ravines, 1983)
El rito exige la presencia de rezadores, con velas, agua bendita y de algunos objetos pertenecientes al fallecido que, según la creencia, estará disfrutando la visita que lo alejará del Purgatorio y le permitirá ganar favores para entrar al Cielo. Este conjunto de creencias es lo que mantiene arraigada entre la población la costumbre y exigencia de tener un espacio final esperanzador, alegre, armonioso y vital que sólo los artesanos picapedreros pueden ofrecer.
Bibliografía
-Ibáñez Rosaza, Manuel : “Poesía reunida”, Antares, artes y letras, Lima 2001
-Olivas Weston, Marcela :“Arte Popular de Cajamarca”, Antares artes y letras, Lima, 2003
-Ravines; Rogger : “Cajamarca Prehispánica. Inventario de monumentos arqueológicos” INC-Cajamarca y CORDECAJ, Lima 1985
- Silva Santisteban, Fernando : “Cajamarca, Historia y Paisaje”, Antares, artes y letras, Lima 2003.
-San Cristóbal, Antonio : “Las portadas retablo de Cajamarca” en Historia de Cajamarca, Tomo III
Fernando Silva Santisteban, Waldemar Espinoza y Rogger Ravices editores. INC-Cajamarca, Lima 1987
-Vásquez de Espinoza, Antonio : “Compendio y descripción de las Indias Occidentales”. Smithsonian Miscellaneous Collection (1626), 1948
-Villiger, Fernando y Rogger Ravines : “Tradiciones Porconeras” Boletín de Lima 27 (5) pags. 9-12, Lima 1983 n

Fuente: LA TALLA EN PIEDRA EN CAJAMARCA, PERÚ autora MARCELA OLIVAS WESTON

1 comentario:

Anónimo dijo...

Donde puedo comunicarme con alguien que hace tallado en cajamarca tendran algun telefono mi nombre es carlos y mi correo es ccchrod@hotmail.com